Fotos del proyecto:
El contexto, los talleres y el Jardín de Hebrón.
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En Octubre-Noviembre, MICELULACREATIVA colaboró con la Asociación Creart en la realización de un proyecto psicosocial de estímulo creativo y con fines terapéuticos para niños y adolescentes de entre 5 y 15 años en Palestina.
Fue un proyecto solicitado directamente por la Asociación Creart y financiado por la Oficina Técnica de Cooperación en Jerusalén (OTC) junto con la AECID, Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo.
En un principio el proyecto de urgencia fue diseñado para la Franja de Gaza, centrándose en tres campos de refugiados. El primero, situado al Norte de Gaza, el campo de refugiados de Jabaliya. El segundo, en el centro de Gaza, Nuiseirat y el tercero, haciendo frontera con Egipto, el campo de refugiados de Rafah.
Debido a la negativa del ejercito israelí para dejarnos pasar dentro de Gaza, nos vimos obligados a desplazar el proyecto a Cisjordania, en territorio ocupado. Ante este bloqueo decidimos que la mejor opción era realizar el proyecto en la ciudad de Hebrón, que sufre una de las peores situaciones que genera el conflicto palestino-israelí en Cisjordania. Nos centramos en el barrio de Tel Rumeida, una de las zonas de Hebron con colonias judías y con más control militar.
Hebrón es la segunda ciudad más grande de Cisjordania, y la única ciudad que tiene colónias judías en su interior. La colonia israelí de Hebrón está concentrada alrededor de la ciudad antigua, la cual ha servido tradicionalmente como el centro comercial de todo el sur de Cisjordania.
Durante años, el ejército israelí ha establecido una política de división y discriminación entre los colonos israelíes y la mayoría palestina. Con la escusa de proteger a unos pocos cientos de colonos que viven en el corazón de la ciudad, el ejército restringe los movimientos de decenas de miles de palestinos residentes en la ciudad. Estas restricciones han permitido la destrucción de comercios y el masivo abandono de la zona por parte de sus residentes.
El centro de Hebrón se ha convertido en una ciudad fantasma, dividida por las autoridades israelíes en dos zonas: H1 y H2. Nuestro proyecto, que se realizó en el barrio de Tel Rumeida, estába dentro del districto H2, la zona con presencia colona y control militar israelí.
Tan solo los colonos judíos pueden moverse libremente por esta zona de la ciudad, mientras que las zonas de libre acceso para los palestinos están sometidas a repetidas detenciones y humillantes inspecciones. Agravando los hechos, el ejército israelí ha protegido incontables actos de violencia por parte de los colonos judíos contra los ciudadanos palestinos, actos que suceden casi a diario. A causa del miedo los palestinos limitan su vida fuera de sus casa. Esto hace que vecinos cuyas casas distan de unos 300 metros ni se conozcan como era el caso de dos chicas adolescentes que tubimos como voluntarias para realizar los talleres, no sabían nada una de la otra.
Realizamos las actividades en el centro de HEB2, contraparte local del proyecto, situado en el olivar del barrio de Tel Rumeida, en el borde del asentamiento de colonos que lleva el mismo nombre. Se trata de la casa de la familia palestina Siyaj que tuvo que abandonar su hogar durante la segunda Intifada.
HEB2 está en una pequeña explanada que a modo de terraza enmarcada por una maravillosa vista de la ciudad de Hebrón.
La finalidad de nuestro proyecto era que los niños y niñas se lo pasaran bien, ilusionarlos por unos días y mostrarles herramientas creativas y sus posibilidades para un posterior seguimiento. Esto último era de gran importancia ya que en H2 los niños no tienen nigún tipo de extraescolar ni talleres que los incentive o los motive.
Pudimos compartir con ellos algunos de sus conflictos rutinarios como el día en que los niños judíos colonos nos lanzaban piedras ante la presencia de sus propios padres e incluso de los militares israelíes sin que ninguno de ellos hiciera nada por evitar la humillante situación.
El proyecto que llebamos a cabo se trató de un jardín conceptual en la línea del land-art en el que trabajamos el papel del jardinero que diseña y construye su jardín, así como el concepto del crecimiento, cariño y cuidado de las plantas, flores del jardín, el respeto por las pequeñas cosas y el fomento de la delicadeza, valores que el conflicto aparta por su naturaleza.
Todos los elementos que configurarían el jardín fueron confeccionados por ellos. Un jardín de papel, donde surgieron amapolas, rosas, setas, mariposas de colores, alguna libélula.
Se iba trabajando todo con el objetivo de el último día hacer una puesta en escena. Grandes y pequeños serían los protagonistas de ese evento que reuniría a familiares, conocidos, amigos.
El día del evento final no faltó nadie. Las familias habían sido invitadas por carta. Conforme iban llegando se iban creando dos grupos, uno formado por hombres y otro por mujeres. Las mujeres que muchas de ellas era la primera vez que se veían aprovecharon para intercambiarse los números de teléfono y hablar tímidamente entre ellas. Parecían estar muy agusto todas juntas, mientras que los hombres aprovechaban para conversar con algunos de los internacionales que también nos visitaron.
Algunas madres miraban, junto a sus hijos, el minucioso trabajo realizado e incluso algunas de ellas se llevaron muestras y material para reproducir ese mismo trabajo en sus casas, junto a sus hijos. Ahí me dí cuenta profundamente de la importancia que puede tener un trozo de cartulina doblada en un sitio o en otro. Todas las familias nos dejaron un mensaje de profunda gratitud y algunos niños lo reflejaron con lágrimas cuando supieron que el proyecto acavaba al dia siguiente.
Ese día notamos a los niños más exaltados de lo normal. Quizás era porqué no habían tenido escuela ese día ya que se celebraba el aniversario de la muerte de Yasir Arafat y la verdad que sin saberlo, ese jardín se levantaba ese mismo dia, un 11 de Noviembre.
Lo que se transmitía en el ambiente era mucha felicidad, los niños y niñas se habían arreglado para la ocasión y estaban ansiosos por mostrar su jardín a los mayores. La parte emotiva fue por un lado el ver que los niños y niñas habían culminado el trabajo de dos semanas y por otro el ver que ese jardín que habíamos hecho crecer reunía a familias que antes no se habían visto nunca. Eso me emocionó muchísimo y pensé que sólo por eso ya había valido la pena estar ahí.
Fuera lo que fuese ese jardín, de lo que estamos seguros es de que sirvió para reunir a gente y que sembró la semilla de la continuidad ya que la gente dió la confianza a HEB2 para seguir con la labor. Los miembros del centro HEB2 ya están empezando a diseñar una vez por semana talleres con el mismo concepto y que involucren a padres y a hijos del barrio de Tel Rumeida.
Fotos del proyecto:
El contexto, los talleres y el Jardín de Hebrón.
































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